El Mundial empieza en menos de dos semanas y en Toronto y Vancouver todavía hay entradas. Las plataformas de venta oficial siguen mostrando disponibilidad para varios partidos de la fase de grupos en ambas ciudades canadienses. Para un torneo que se presenta como el más grande de la historia, la imagen no es la que FIFA esperaba en los mercados anfitriones.

El diagnóstico es sencillo: los precios son demasiado altos para el aficionado local. Las organizaciones de seguidores llevan meses usando el adjetivo «extorsionador» para describir la estructura tarifaria de FIFA, que combina precios base elevados con una plataforma de reventa propia donde la organización cobra un 15% de comisión tanto al vendedor como al comprador.

Precios que ahuyentan a los anfitriones

Las entradas de categoría más baja para partidos de fase de grupos en Toronto empezaron por encima de los 100 dólares canadienses. Las de categoría media superaban los 300. Para los partidos con mayor seguimiento, los precios de reventa llegaron a multiplicarse por diez antes de que Ontario interviniera.

El resultado es que muchos canadienses, especialmente en ciudades con alto coste de vida como Toronto y Vancouver, simplemente no pueden permitirse ir al Mundial en su propio país. La paradoja es visible: Canadá es uno de los tres países anfitriones, tiene una selección que se ha clasificado con mérito propio y una afición creciente, y sin embargo los estadios corren el riesgo de llenarse principalmente con turistas extranjeros.

Para algunos partidos en Tampa (Florida), los datos citados por medios canadienses apuntaban a más de 50.000 entradas sin colocar en determinados momentos de la preventa.

FIFA vs la ley de Ontario

El gobierno de Ontario aprobó la Ley de Protección al Aficionado (Putting Fans First Act), que prohíbe la reventa de entradas por encima del precio de coste en eventos celebrados en la provincia. La respuesta de FIFA fue retirar temporalmente de su marketplace los tickets para los seis partidos en Toronto mientras «reconfiguraba» la plataforma para cumplir con la normativa local.

El impacto es directo: quien compró una entrada de reventa a 1.200 dólares canadienses antes de la ley, y quiera venderla ahora, solo puede hacerlo al precio original. FIFA no respondió a las peticiones de comentario de los medios canadienses.

A esto se suma otro frente: el gobierno de Ontario adquirió más de 3.500 entradas con dinero público para redistribuirlas. La oposición cuestionó el gasto y la transparencia del proceso. El gobierno afirma haber colocado la práctica totalidad de esas entradas. Los asientos vacíos hablarán por sí solos.