El 12 de julio de 1998, a las 21:00, en el Stade de France de Saint-Denis, Brasil y Francia disputaron la final del Mundial. El resultado fue 3-0 para los locales: dos goles de Zinedine Zidane en los minutos 27 y 45+1, uno de Emmanuel Petit en el 90+3.

Lo que ocurrió antes del partido es más difícil de explicar. Y la CBF tardó años en intentarlo.

13:30. Habitación del hotel.

A media tarde, Ronaldo sufrió convulsiones en su habitación de concentración. Las estimaciones sitúan el episodio entre las 13:30 y las 14:00. El partido era a las 21:00.

Fue trasladado a la clínica Lilas de París para pruebas neurológicas. Los médicos no encontraron causa orgánica clara. No había lesión, no había patrón que explicara las convulsiones de forma concluyente.

18:30. La alineación oficial.

Cada equipo entrega la alineación titular al árbitro a las 18:30. A esa hora, Mario Zagalo entregó la lista sin Ronaldo. El nombre de Edmundo aparecía en el lugar del nueve. Brasil iba a jugar la final más importante de los últimos ocho años sin su mejor jugador.

20:30. El vestuario.

Una hora antes del pitido, durante el calentamiento, Ronaldo apareció en el vestuario. Dijo que se encontraba bien. Que quería jugar.

El reglamento de la FIFA permite sustituir a un jugador hasta una hora antes del inicio. Zagalo entregó una segunda alineación con Ronaldo incluido. El árbitro la aceptó.

Ronaldo jugó los 90 minutos. No marcó. Francia ganó 3-0.

La sombra de Nike

En 2000, una comisión parlamentaria brasileña investigó los meses previos a Francia 98. El objeto era el contrato que Nike había firmado con la CBF: un acuerdo de 400 millones de dólares que incluía cláusulas sobre la participación de Ronaldo en determinados partidos.

Nadie probó que Nike presionara para que Ronaldo jugara estando en condiciones de no hacerlo. Pero nadie pudo probar que no lo hubiera hecho. La comisión no llegó a conclusiones definitivas. El contrato existía. Las cláusulas sobre Ronaldo existían.

Años después, el propio Ronaldo describió lo ocurrido como una crisis convulsiva por estrés extremo. El diagnóstico tardío no resolvió ninguna de las preguntas que la comisión parlamentaria dejó sin responder.