«Fue un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios»
La Mano de Dios: la frase que convirtió un gol ilegal en mito
El 22 de junio de 1986 Maradona empujó el balón con la mano izquierda. Al día siguiente acuñó la frase más citada del deporte mundial.
El 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Diego Armando Maradona marcó dos goles que resumen toda la contradicción del fútbol. El más polémico y el más hermoso de la historia, separados por cuatro minutos, en el mismo partido. Argentina-Inglaterra, cuartos de final del Mundial de México. Para entender la dimensión moral de aquellos diez minutos hay que retroceder cuatro años: en abril de 1982, la junta militar argentina había invadido las islas Malvinas; en junio, el Reino Unido las recuperaba dejando 649 muertos argentinos y 255 británicos. Cuatro años después, los dos países se cruzaban por primera vez en una cancha. Maradona lo dijo con todas las letras tiempo después: «era como matar a un policía».
El primer gol llegó al minuto 51. Steve Hodge despejó mal hacia su área, Maradona saltó contra el portero Peter Shilton -veinte centímetros más alto- y empujó el balón con la mano izquierda. El árbitro tunecino Ali Bin Nasser no lo vio. Su asistente búlgaro, Bogdan Dotchev, tampoco. Maradona corrió a celebrar mirando de reojo a sus compañeros, pidiéndoles con un gesto que le acompañasen para que el gol no se anulara. Sabía perfectamente lo que había hecho.
Al día siguiente, en rueda de prensa, llegó la frase: «Fue un poco con la cabeza de Maradona y un poco con la mano de Dios». La declaración no fue una disculpa ni una confesión. Fue algo más sofisticado: una mitología construida en tiempo real. Llamar a Dios como cómplice elevaba el asunto fuera del reglamento, fuera del campo, fuera de las posibilidades del periodismo deportivo convencional. Convertía la trampa en relato. Y el relato, en historia.
Lo extraordinario es que ese gol no es siquiera el más recordado del partido. Cuatro minutos más tarde, en el minuto 55, Maradona arrancó desde su propio campo, sorteó a Beardsley, Reid, Butcher, Fenwick, dejó en el sitio a Shilton y empujó el balón hacia la red vacía. 10,8 segundos. La FIFA, en una votación abierta para el centenario, lo eligió Gol del Siglo. El segundo gol redime al primero, pero no lo cancela. Maradona necesitaba ambos: la astucia callejera y el genio puro, el tramposo y el santo.
Cuarenta años después, la frase sigue siendo la más citada de la historia del deporte. Está en libros de filosofía, en clases de retórica, en titulares de prensa que ni siquiera hablan de fútbol. Cuando murió Maradona en noviembre de 2020, L'Équipe la condensó en su portada en tres palabras: «Dieu est mort». Dios ha muerto. La operación funcionó porque Maradona, treinta y cuatro años antes, ya se había nombrado a sí mismo. La Mano de Dios no fue solo una jugada ilegal: fue el momento en que un futbolista cogió el aparato simbólico de la cristiandad -el azar, la providencia, el milagro- y lo trasladó a una cancha de fútbol. Para siempre.
Cuartos de final del Mundial de México. Argentina-Inglaterra en el Estadio Azteca. Cuatro años después de la guerra de las Malvinas. Maradona acababa de marcar dos goles en cuatro minutos: el más polémico y el más bello de la historia del fútbol.