
«Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?»
Barrilete cósmico: el relato que cambió la narración deportiva
Cincuenta y cinco segundos de Víctor Hugo Morales. El relato del Gol del Siglo es la pieza de radio más célebre de la historia del fútbol.
El Gol del Siglo dura 10,8 segundos en el reloj. Maradona arranca desde su propio campo, sortea a Peter Beardsley y Peter Reid en mediocampo, encara a Terry Butcher, lo deja en el sitio, finta sobre Terry Fenwick y a continuación deja también atrás a Butcher, que vuelve corriendo. Llega al área, encara a Peter Shilton, abre el cuerpo y empuja el balón con el interior del pie izquierdo a la red vacía. Es el 22 de junio de 1986, minuto 55 del Argentina-Inglaterra. Cuatro minutos después de la Mano de Dios. La FIFA lo elegiría dieciséis años después como Gol del Siglo en una votación abierta entre aficionados de todo el mundo.
Pero el gol no termina cuando entra. Termina cuando Víctor Hugo Morales, narrador uruguayo radicado en Argentina, encuentra las palabras desde la cabina de Radio Argentina. La narración empieza con la elevación de la voz a medida que Maradona avanza -«la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial»- y se convierte progresivamente en un torrente: «deja al tercero y va a tocar para Burruchaga... ¡siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta». Cuando el balón entra: «Gooool. Gooool. ¡Quiero llorar, Dios santo! ¡Viva el fútbol! Golazooo, Diegoool, Maradonaaa».
Y entonces, después del rugido, viene la pregunta que sobreviviría al partido: «Es para llorar, perdónenme. Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina?». La narración entera dura unos cincuenta y cinco segundos. Es el equivalente futbolístico de un texto literario de un solo aliento.
La televisión, en aquella época, todavía no había madurado como narradora deportiva. Los relatores televisivos sudamericanos estaban formados, casi todos, por la radio. Víctor Hugo Morales venía de cubrir Mundiales como cronista, no como espectador. Aquel gol, retransmitido para millones de personas en simultáneo, terminó haciendo algo más que una narración: hizo una traducción. Convirtió un gesto físico en una proposición metafísica. ¿De qué planeta viniste? era la única pregunta que tenía sentido.
Hay un detalle técnico que importa. La frase «barrilete cósmico» no es metáfora azarosa. El barrilete, en Argentina, es la cometa: ese juguete que se eleva por el viento y que siempre sigue, en parte, su propia voluntad. Cósmico añade la dimensión inhumana. La traducción al castellano peninsular sería más prosaica: cometa cósmica. Pero la palabra «barrilete» es popular, sudamericana, infantil. Está más cerca del barrio que del Olimpo. Maradona, niño elevado al cielo. Era la imagen exacta.
Cuarenta años después, el audio sigue circulando en su versión original o remasterizado. Lo han mezclado con la imagen en montajes museísticos y publicitarios. Cuando Maradona murió, fue una de las primeras piezas que pasaron las radios del mundo: en Argentina, en España, en Italia, en México. La narración había superado al narrador, al jugador, al partido. Era ya un objeto autónomo, una pieza de patrimonio inmaterial. Eso es lo que hace la radio cuando la radio funciona: deja una grabación que vive sola, fuera del tiempo, capaz de hacer llorar a quien la escucha aunque ya no recuerde de qué Mundial estamos hablando.
Relato en vivo para Radio Argentina del Gol del Siglo, cuatro minutos después de la Mano de Dios. La narración completa: «Gooool. ¡Quiero llorar, Dios santo! ¡Viva el fútbol! Golazooo, Diegoool, Maradonaaa». Cierre: «Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?».