Mikel Merino describe la fractura que casi le deja sin Mundial como una sesión de diapositivas. Lo cuenta en una carta en primera persona para The Players' Tribune: un despacho de la ciudad deportiva del Arsenal, una bota ortopédica y dos médicos pasando imágenes de una fractura de estrés en el pie derecho. Él lo recuerda como «el PowerPoint más deprimente de mi vida».
Un pie que nadie había visto
Según su relato, el especialista que le trató llevaba treinta años en la profesión y nunca había visto una fractura de estrés en esa zona. Llamó a cinco de los mejores del mundo y ninguno la había visto tampoco. Nadie sabía cómo respondería el pie. Arteta ya había descrito la lesión como muy rara a principios de febrero.
Faltaban cuatro meses para el Mundial y su mujer, Lola, estaba embarazada. Merino dice que se derrumbó cuando tuvo que contárselo en voz alta. Aceptó la operación.
Dos meses de muletas
Lo que sigue es lo más doméstico de la carta. Con la baja, Merino no podía ir al supermercado ni servirse un vaso de agua, y era Lola, con unos seis meses de embarazo, quien le ayudaba. Él mismo lo contó en julio: fue «increíble» verla embarazada de ocho meses ayudándole a subir las escaleras.
Para sacar a la perra se compró un carrito eléctrico rojo. Cuenta que iba tan despacio que cualquiera podía adelantarle andando, y que a veces salía con gafas de sol y gorra para que no le reconocieran.
Un vestuario que se juntó sin el míster
En plena duda del equipo tras remontarle un 2-0 el Wolverhampton, los jugadores se reunieron sin Arteta. Nadie habló de táctica, dice Merino: hablaron de cómo afronta un grupo los malos momentos. Para él, ese fue el día en que ganaron la Premier.
El empate del City en Bournemouth (1-1) dio el título al Arsenal con una jornada de margen. Merino lo vio en el comedor de Colney con un centenar de personas. Cuando marcó el Bournemouth, salió a dar un paseo.
Una lista y un bebé
Marco nació antes de que volviera a jugar. Merino regresó a los entrenamientos tras tres meses y jugó media hora contra el Palace, cinco días antes de la lista. Esa lista no la leyó Luis de la Fuente: la Federación grabó un vídeo en el que lo hacían anónimos de toda España. Él esperaba en el sofá y, cuando salió una mujer en un viñedo, abrazó a Lola.
Se despidió de su familia con el niño de un mes. De la final solo cuenta lo que vio desde el banquillo y desde el césped: España ganó 1-0 a Argentina en la prórroga con gol de Ferran Torres. Después, en el vestuario, llenó una mochila de lomo, jamón y latas de cerveza y se sentó a picar con su familia sobre la hierba del MetLife, como hacen en el parque.
La carta termina con tres dedicatorias: a su padre, por los calcetines de la suerte; a Marco; y a Lola, por las escaleras.


