El Mundial de España 1982 dejó uno de los episodios más vergonzosos —y más influyentes— de la historia del torneo: el partido entre Alemania Federal y Austria disputado el 25 de junio en El Molinón de Gijón. Pasó a la historia como el "desastre de Gijón" o el "pacto de no agresión", y obligó a cambiar las reglas para siempre.

Un gol y luego nada

La aritmética era diabólica. Argelia, que ya había jugado su último partido del grupo, había dejado unos resultados que hacían que un triunfo alemán por la mínima clasificara a alemanes y austriacos y dejara fuera a los argelinos. Alemania marcó pronto, con un gol de Hrubesch en el minuto 11, y a partir de ahí ambos equipos se dedicaron a pasarse el balón sin intención de atacar durante más de una hora.

El público de El Molinón, indignado, sacó pañuelos blancos y llegó a animar a Argelia; los propios comentaristas no ocultaron su bochorno y los argelinos protestaron, sin éxito, ante la FIFA. El amaño no escrito estaba a la vista de todos.

La confesión y el cambio de reglas

Años después, como recoge Tantos mundiales, tantas historias, un jugador alemán admitió lo evidente: "Tomamos la decisión entre todos, ellos y nosotros, de no estorbarnos demasiado". La consecuencia fue histórica: a partir de entonces, la FIFA dispuso que los últimos partidos de cada grupo se jugaran de forma simultánea, una norma que sigue vigente y que en el Mundial 2026, con doce grupos, es más necesaria que nunca. Tienes más historia mundialista en nuestras noticias del Mundial 2026.