
«Hexa! Hexa! Hexa!»
Mineirazo: la noche en que Alemania apagó a Brasil en su propia casa
Brasil cantaba el «Hexa» antes del partido. Alemania marcó cinco goles en 18 minutos y firmó la mayor humillación deportiva del país anfitrión.
Brasil había llegado a la semifinal del Mundial 2014 con un torneo accidentado pero suficiente. Había sufrido contra Chile en octavos, penales, había vencido a Colombia en cuartos pagando un precio doble: la lesión de vértebra de Neymar tras la entrada de Camilo Zúñiga y la segunda amarilla de Thiago Silva, que le dejaba fuera del siguiente partido. La selección de Luiz Felipe Scolari iba a jugar la semifinal contra Alemania sin su mejor jugador y sin su capitán defensivo. Aun así, en las calles de Belo Horizonte y en el propio Mineirão, el cántico era el de siempre: «Hexa, hexa, hexa», el sexto título mundial, el que Brasil llevaba doce años persiguiendo desde Corea-Japón 2002.
Lo que pasó el 8 de julio de 2014, entre las 17:00 y las 18:50 hora local, no tiene comparación moderna. Thomas Müller marcó al minuto 11. Miroslav Klose, que con ese tanto se convirtió en máximo goleador histórico de Mundiales, superando a Ronaldo Nazário, al 23. Toni Kroos al 24 y al 26. Sami Khedira al 29. Cinco goles en 18 minutos. Cuatro de ellos en seis. Cuando se cumplió la primera media hora, Alemania ganaba 5-0 a Brasil en una semifinal del Mundial jugada en Brasil. La estadística parece un error tipográfico. No lo era.
Las cámaras buscaron caras en las gradas y encontraron lo que buscaban: una niña llorando, un hombre tapándose los ojos, otro santiguándose, una pareja que se abrazaba sin mirar al campo. David Luiz, capitán esa noche en sustitución de Thiago Silva, gritaba a sus compañeros como un náufrago. Júlio César, en la portería, se había convertido en un espectador más. Scolari, en el banquillo, parecía un hombre al que estaban echando de su propia fiesta. El público, asombrosamente, comenzó a aplaudir a Alemania en el segundo tiempo. André Schürrle marcó dos más, al 69 y al 79. Óscar redujo distancias al 90. 1-7. El marcador final más doloroso de la historia del fútbol brasileño.
La derrota tuvo varias capas. La primera, deportiva: la generación de Müller, Klose, Kroos, Khedira y Mats Hummels remataba un proceso de doce años iniciado por Jürgen Klinsmann y consolidado por Joachim Löw, y cuatro días después ganaría el Mundial contra Argentina con un gol de Mario Götze. Brasil, en cambio, perdió también el partido por el tercer puesto contra Holanda (3-0) y se fue del torneo eliminada por once goles en dos partidos. La segunda capa, simbólica: el Maracanazo de 1950 había sido una derrota silenciosa, y Brasil tardó décadas en hablar de él. El Mineirazo, en cambio, fue retransmitido en directo a 64 países, comentado en redes sociales en tiempo real, convertido en meme en cuestión de horas. La humillación llegó completa, instantánea y archivada para siempre.
David Luiz salió del campo llorando, pidió disculpas a los aficionados a la salida del estadio y se convirtió en la imagen del desastre. «Quería darle felicidad al pueblo brasileño», dijo en zona mixta, sin poder mantener la voz. La frase, descontextualizada, viajó por el mundo. La selección no volvió a llamarse Hexa con la misma confianza. En 2018, en 2022, los cánticos eran más cautos. Algo se había roto en Belo Horizonte y nunca terminó de arreglarse: la convicción brasileña de que un Mundial en casa solo podía terminar de una manera. El fútbol, esa tarde, recordó a un país entero que su historia tenía dos finales posibles.
Semifinal del Mundial de Brasil 2014, 8 de julio en Mineirão de Belo Horizonte. Brasil llegaba sin Neymar, lesionado en cuartos por Zúñiga, y sin Thiago Silva, sancionado. La afición había cantado todo el torneo el «Hexa», el sexto título mundial. Alemania marcó siete goles. Cinco de ellos en 18 minutos.
- Wikipedia, Brasil 1-7 Alemania
- Cruzada con: O Globo · Folha de São Paulo · The Guardian