El 20 de marzo de 1966 alguien entró en Westminster Hall, donde se exponía la Copa Jules Rimet como atracción secundaria de una feria filatélica, y se la llevó. La vitrina que protegía el trofeo más importante del fútbol mundial estaba fijada a la pared con cinta aislante. Esto es literal.

Siete días sin Copa del Mundo

Scotland Yard abrió una investigación. Llegaron cartas de rescate. El Football Association contrató vigilantes privados. Durante siete días, el trofeo del torneo que iba a celebrarse en territorio inglés ese mismo verano estuvo en paradero desconocido.

El 27 de marzo, David Corbett salía a pasear a su perro Pickles por Beulah Hill, en South Norwood, al sur de Londres. Pickles, un collie de raza mixta, olfateó algo bajo un arbusto. Era un paquete envuelto en un periódico. Dentro: la Copa Jules Rimet.

El empleado de fábrica más famoso de Inglaterra

David Corbett tenía 27 años y trabajaba en una fábrica. La recompensa que recibió por el hallazgo fue de 6.000 libras. El salario anual de un obrero inglés en 1966 rondaba las 900 libras. Corbett ganó en un día lo que un trabajador tardaba seis años y medio en ganar.

Pickles se convirtió en celebridad nacional. Protagonizó anuncios de televisión. Apareció en la película The Spy with a Cold Nose. Recibió invitaciones a banquetes. A England le fue bien ese verano: ganaron el Mundial en julio, con la Jules Rimet bien custodiada esta vez.

Pickles murió en 1967. Se ahorcó con su propia correa al perseguir un gato. Tenía tres años.

La Copa que desapareció dos veces

En 1983, la Copa Jules Rimet volvió a ser robada. Esta vez en Brasil, donde se guardaba como trofeo permanente tras la tercera victoria brasileña en 1970. Nunca apareció. Los investigadores brasileños concluyeron que probablemente fue fundida.

Ahora existe una réplica en el museo de la CBF. El original está, presumiblemente, derretido en algún lugar de Río de Janeiro. Pickles, al menos, tuvo mejor final que el trofeo que encontró.