Hasta el 16 de julio de 1950, Brasil jugaba de blanco con cuello azul. El portero también de blanco. La camiseta no era un símbolo nacional: era simplemente la equipación.
Ese día, en el Maracaná, Uruguay ganó 2-1 ante 200.000 espectadores y dejó a Brasil sin el título que consideraba suyo. Lo que vino después no fue solo un cambio de diseño.
El concurso que nadie esperaba ganar
La Confederação Brasileira de Desportos convocó un concurso nacional de diseño de equipación. La condición: el nuevo uniforme debía incorporar los cuatro colores de la bandera brasileña. La camiseta blanca quedaba descartada por asociación con la derrota.
Aldyr García Schlee tenía 19 años, estudiaba periodismo en Pelotas, ciudad del estado de Rio Grande do Sul en la frontera con Uruguay. Envió su propuesta: camiseta amarilla, pantalón azul, medias blancas con borde verde. La Confederación lo eligió entre los 301 diseños presentados.
El diseño fue aprobado en 1953. Brasil lo estrenó en un amistoso contra Chile. Desde entonces, la verdeamarelha ha sido la segunda piel de la selección más exitosa de la historia del fútbol.
La confesión de décadas después
García Schlee vivió hasta 2019. En sus últimos años concedió entrevistas en las que describió la paradoja de su vida: había diseñado la camiseta más reconocible del mundo para un equipo al que no le tenía devoción. Era de Pelotas, ciudad fronteriza, y sus aficiones estaban del lado uruguayo.
Jamás cobró un centavo en derechos por el diseño. Cuando Nike y Adidas se disputaron el contrato con la CBF por cifras de cientos de millones de dólares, su nombre no aparecía en ninguna cláusula de royalties.
Los que pagaron la derrota que no fue suya
Moacir Barbosa, el portero que recibió los dos goles de Uruguay, vivió el resto de su vida siendo señalado. Una anciana le reconoció en un supermercado de Río de Janeiro y le dijo a la madre de Barbosa: "Este es el hombre que dejó triste a todo Brasil." Barbosa tenía más de 70 años cuando ocurrió. Murió en 2000 sin que ninguna institución del fútbol brasileño le rehabilitara públicamente.
El seleccionador Flávio Costa tardó dos días en abandonar el estadio tras la derrota. Salió disfrazado de empleado de la limpieza.
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